Renegrido por el sol,
tirando de su borrico
va el carbonero andaluz
camino de su cortijo.
Con el alba se levanta,
y con su hacha y su pico
se dirige presuroso
a trabajar a su sitio.
Tala los árboles secos,
de malezas limpia el río,
con las támaras que encuentra
carga a su buen borriquillo.
Camina por la dehesa,
en su mano lleva el pico,
y los antiguos tocones
rompe con gran regocijo.
Las ramas de las encinas
que han perdido su verdor
cercena con su hacha plana
hasta la puesta del sol.
Poco a poco, con constancia,
cual hormiguita hacendosa,
va amontonando la leña
construyendo una gran choza.
Terminada la labor
de recogida de leña,
con esmerado cuidado
construye su carbonera.
Noche y día la vigila,
la cubre con paja y tierra,
descubre respiradores,
la alimenta con la leña.
Que no venga viento y lluvia,
el carbonero comenta,
hasta que salga el carbón
de esta nueva carbonera.
Albricias, ya llegó el día
de recoger la cosecha,
y el reluciente carbón
ya se carga en las carretas.
El carbonero feliz,
con su familia celebra
el dinero que ha obtenido
de tan esperada venta.
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