La niña lava la ropa
en la ribera del río,
y el agua acariciar quiere
sus blancas manos de armiño.
Pero desea que no rompa
su claro espejo fundido,
para mirar su belleza
y de sus ojos, el brillo.
Los peces que lleva el agua
no quieren pasar el río,
se quedan a contemplar
de la niña, su corpiño
Los largos juncos, que viven
en las isletas metidos,
alargan sus finos cuellos
para contemplar unidos
a la nueva moradora,
que tiende piezas de lino
sobre sus verdes penachos,
y canta con dulces trinos.
Las adelfas que en las aguas
tienen sus tallos cautivos,
ofrecen sus bellas flores
a cambio de su cariño.
Cuando la niña se marcha
camino de su cortijo,
el río se deshace en lágrimas,
porque su reina se ha ido.
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