El sol tiñe tu semblante
de andaluza de ojos negros,
pinta tu piel con sus rayos,
pinceles de luz y fuego.
No recuerdas tu existencia,
tu memoria rompió el tiempo,
y tus formas onduladas
las esculpieron los vientos.
Has visto pasar por ti
los guerreros de mil pueblos
que dejaron en tu piel
las huellas de sus recuerdos.
Todos abren tus entrañas
buscando tesoros nuevos,
minerales que transforman
en artísticos objetos.
Planas pizarras recubren,
con negritud en su aspecto,
tus parajes, con fragancia
de jarales y romero.
Y lavas con blanca nieve
tus picachos en invierno,
y arroyuelos saltarines
te nacen con el deshielo,
van buscando presurosos,
antes que se acabe el tiempo,
que sus padres los abracen
y los reciba su lecho.
Ceres regaló a tus ramblas
y a tus solanas de fuego
un fruto resplandeciente
transformado en oro nuevo.
En ti vivieron, ocultos,
novelados bandoleros,
villanos para los ricos
para el pobre, caballeros.
Cantares llenan tus ramblas,
folclore de aceituneros,
que con sus voces fornidas
rompen tu sacro silencio.
Morena de mi niñez,
te guardo en mis sentimientos,
y me agrada el recordar
mis vivencias de otros tiempos.
jueves, 8 de septiembre de 2011
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Capadocia.Valle de Uçhisar.
Uchiçar en una aldea de Capadocia, situada en una zona volcánica, donde la erosión ha trabajado el terreno creando unas formas curiosas. El hombre, a través de la historia, ha ido horadando estos testigos tectónicos creando cuevas y viviendas subterráneas. Os dejo estas fotografías para que podáis observar mejor este paisaje.
Nota: Se aconseja cliquear sobre las fotos para verlas a mayor tamaño.
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martes, 6 de septiembre de 2011
Agricultura empobrecida.
Parece ser que se están oyendo ya algunas voces, aunque con un tono todavía casi inperceptible, en defensa de la agricultura tradicional y de la variedad de hortalizas y frutas que se producían en otros tiempos. Hoy existe una uniformidad, empobrecida y monótona, en frutas y verduras, han desaparecido del cultivo y por tanto del mercado muchas variantes que existían en nuestra niñez, se han monopolizado las semillas, reduciéndolas de una manera drástica, con unos criterios no de calidad, sino puramente mercantilistas y de negocio.
Hoy día hay frutos insípidos, que han perdido su verdadero sabor, las constantes que prevalecen son la presentación y la duración; que la fruta aguante el mayor tiempo posible y que entre por los ojos del comprador, el sabor ha pasado a segundo término. Nos encontramos con frutas y verduras que no saben a nada, un caso extremo es el tomate, el tratamiento genético de las semillas y su recogida antes de que madure nos han proporcionado un fruto que no sabe a nada.
Otro caso de empobrecimiento es el de la sandía. Hoy vas al mercado y no encuentras nada más que dos variantes, la extremeña y la rayada (así las nombrábamos en mi pueblo, hace ya muchos años). En mi niñez había la costumbre en mi pueblo, Pozoblanco, de que el terrateniente prestaba las tierras de cultivo al que quisiera sembrar melones y sandías, de este modo, el propietario del terreno se encontraba la tierra arada y limpia de hierbas para la próxima sementera de cereales, y el ciudadano, que no tenía terrenos, podía disponer, gratis, de una parcela para sembrar melones y sandías que tan apetitosas son en los días calurosos del verano.
Mi familia hizo uso de esta curiosa cesión de terrenos, y sembró varios años melonar. Yo, aunque era un niño pequeño, me acuerdo de ir a buscar sandías y melones y portearlos hasta casa. Recuerdo que había, tanto de sandías como de melones, muchas variedades: por el color de su piel, por el sabor y color de su pulpa y por la forma de su semilla. La variedad más apreciada era la de las pipas escritas, se llamaba así porque en la cáscara de las semillas tenía unas rayas, el interior era de color amarillo y su sabor exquisito.
Es una lástima que todas estas castas de sandía, como se le llamaba en al argot campesino, hayan desaparecido. Si es posible habría que recuperarlas de nuevo.
Cuando se consumía las sandías y melones, las pipas de aquellos de mejor calidad se ponían a secar y se guardaban cuidadosamente como semilla para la siembra del año siguiente. Nadie compraba semillas, todo el mundo se abastecía por sí mismo. Todo ha cambiado, pero ¿ para mejor?
Hoy día hay frutos insípidos, que han perdido su verdadero sabor, las constantes que prevalecen son la presentación y la duración; que la fruta aguante el mayor tiempo posible y que entre por los ojos del comprador, el sabor ha pasado a segundo término. Nos encontramos con frutas y verduras que no saben a nada, un caso extremo es el tomate, el tratamiento genético de las semillas y su recogida antes de que madure nos han proporcionado un fruto que no sabe a nada.
Otro caso de empobrecimiento es el de la sandía. Hoy vas al mercado y no encuentras nada más que dos variantes, la extremeña y la rayada (así las nombrábamos en mi pueblo, hace ya muchos años). En mi niñez había la costumbre en mi pueblo, Pozoblanco, de que el terrateniente prestaba las tierras de cultivo al que quisiera sembrar melones y sandías, de este modo, el propietario del terreno se encontraba la tierra arada y limpia de hierbas para la próxima sementera de cereales, y el ciudadano, que no tenía terrenos, podía disponer, gratis, de una parcela para sembrar melones y sandías que tan apetitosas son en los días calurosos del verano.
Mi familia hizo uso de esta curiosa cesión de terrenos, y sembró varios años melonar. Yo, aunque era un niño pequeño, me acuerdo de ir a buscar sandías y melones y portearlos hasta casa. Recuerdo que había, tanto de sandías como de melones, muchas variedades: por el color de su piel, por el sabor y color de su pulpa y por la forma de su semilla. La variedad más apreciada era la de las pipas escritas, se llamaba así porque en la cáscara de las semillas tenía unas rayas, el interior era de color amarillo y su sabor exquisito.
Es una lástima que todas estas castas de sandía, como se le llamaba en al argot campesino, hayan desaparecido. Si es posible habría que recuperarlas de nuevo.
Cuando se consumía las sandías y melones, las pipas de aquellos de mejor calidad se ponían a secar y se guardaban cuidadosamente como semilla para la siembra del año siguiente. Nadie compraba semillas, todo el mundo se abastecía por sí mismo. Todo ha cambiado, pero ¿ para mejor?
lunes, 5 de septiembre de 2011
Capadocia.Serhatli.Viviendas trogloditas.
Por ser el terreno muy blando, formado por cenizas volcánicas, es muy fácil excavar en él, los habitantes primitivos lo hacían valiéndose de una simple piedra, gran parte del paisaje está perforado. Solamente los habitantes de muchos siglos atrás lo usaban como viviendas, posteriormente las empleaban como refugios en caso de invasiones y guerras, pero habitaban en viviendas al aire libre, más cómodas y confortables.. Los pasillos o túneles son muy estrechos, solamente puede pasar una persona, así su acceso era muy fácil de defender. La puerta la cerraban con una gran piedra circular.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Se ha marchitado una rosa
Paseando en el jardín
de la vida, en primavera,
frondosas rosas contemplo,
no se escoger la más bella.
Sus colores, su perfume,
sus sonrisas siempre tiernas,
sus movimientos graciosos
de juveniles gacelas.
Todas reflejan la luz
con sus caritas de reinas,
espejos blancos de nácar
que acrecientan su belleza.
Sus talles baila la brisa
con una dulce cadencia,
sonriéndose al besar
los pétalos de canela.
Pero al proseguir mi marcha
por los parterres de hierba
mi mirada se estristece
y mi sonrisa se hiela.
Una rosa veo marchita,
ajada, con sus pétalos en tierra,
no la cortó el jardinero,
ni acabó la primavera.
Con la vida por delante,
la savia se le rebela,
y sus vasos generosos
no ofrecerán ya más néctar.
No ha llegado a madurar,
se fue antes que tuviera
su semilla saturada
para que la vida diera.
El colibrí se estristece,
y en el jardín ya no vuela,
y las abejas desprenden
lágrimas de blanca cera.
Todo el jardín está triste
se le murió una princesa.
de la vida, en primavera,
frondosas rosas contemplo,
no se escoger la más bella.
Sus colores, su perfume,
sus sonrisas siempre tiernas,
sus movimientos graciosos
de juveniles gacelas.
Todas reflejan la luz
con sus caritas de reinas,
espejos blancos de nácar
que acrecientan su belleza.
Sus talles baila la brisa
con una dulce cadencia,
sonriéndose al besar
los pétalos de canela.
Pero al proseguir mi marcha
por los parterres de hierba
mi mirada se estristece
y mi sonrisa se hiela.
Una rosa veo marchita,
ajada, con sus pétalos en tierra,
no la cortó el jardinero,
ni acabó la primavera.
Con la vida por delante,
la savia se le rebela,
y sus vasos generosos
no ofrecerán ya más néctar.
No ha llegado a madurar,
se fue antes que tuviera
su semilla saturada
para que la vida diera.
El colibrí se estristece,
y en el jardín ya no vuela,
y las abejas desprenden
lágrimas de blanca cera.
Todo el jardín está triste
se le murió una princesa.
sábado, 3 de septiembre de 2011
Capadocia. Paseo en globo
El paseo en globo por el Göreme en Capadocia, región de Anatolia Central, es una experiencia que guardaremos, con agrado, para toda nuestra vida. Es un espectáculo sereno, relajante, contemplativo, vas llenando tu vista de paisajes e imágenes de una naturaleza insólita y sorprendente.
A las 4 de la noche fueron a buscarnos al hotel unos microbuses para llevarnos a la explanada donde estaban los globos. Una vez llegados, nos obsequiaron con café o te y unas pastas y nos asignaron a un determinado globo. Asistimos a la ceremonia del hinchado de los mismos, con unos quemadores de gas que lleva cada una de las cestas. Al calentar el aire del interior del globo, por ser menos denso que el aire frío, se eleva y empuja el globo hacia arriba.
En nuestro globo íbamos 20 personas más los dos pilotos, distribuidos de 5 en 5 en los distintos compartimentos en los que está dividida la cesta, ésta no tiene puerta, por seguridad, y hay que subir a ella
poniendo los piés en unas pequeñas ventanillas.
La travesía fue muy placentera, corría una suave brisa muy agradable y el globo caminaba suavemente, sin cambios bruscos. Vimos amanecer, y las cámaras fotográficas trabajaban a destajo para captar los bellísimos lugares que íbamos sobrevolando. Fue una experiencia de las más agradables que hemos tenido en la vida. Aquí os dejo con una selección de fotografías.
Se recomienda cliquear sobre las fotografías para verlas a mayor tamaño.
A las 4 de la noche fueron a buscarnos al hotel unos microbuses para llevarnos a la explanada donde estaban los globos. Una vez llegados, nos obsequiaron con café o te y unas pastas y nos asignaron a un determinado globo. Asistimos a la ceremonia del hinchado de los mismos, con unos quemadores de gas que lleva cada una de las cestas. Al calentar el aire del interior del globo, por ser menos denso que el aire frío, se eleva y empuja el globo hacia arriba.
En nuestro globo íbamos 20 personas más los dos pilotos, distribuidos de 5 en 5 en los distintos compartimentos en los que está dividida la cesta, ésta no tiene puerta, por seguridad, y hay que subir a ella
poniendo los piés en unas pequeñas ventanillas.
La travesía fue muy placentera, corría una suave brisa muy agradable y el globo caminaba suavemente, sin cambios bruscos. Vimos amanecer, y las cámaras fotográficas trabajaban a destajo para captar los bellísimos lugares que íbamos sobrevolando. Fue una experiencia de las más agradables que hemos tenido en la vida. Aquí os dejo con una selección de fotografías.
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