miércoles, 3 de junio de 2009

Lo democrático y lo ético

Consideramos que la ética es la columna vertebral de las relaciones humanas, sin ella, sin sus normas caeríamos en un relativismo general que desembocaría en una opresión de los poderosos sobre los débiles. Una ley, sin fundamento ético, no tiene sentido y menos, legitimidad para exigir su cumplimiento. El legislador no está por encima del bien y del mal, no puede legislar en contra de los principios éticos de sus ciudadanos. No puede argumentar, que porque una ley ha sido aprobada , por mayoría, tiene que imponerse a todo principio ético y obligar a los ciudadanos a cumplirla en contra de su propia conciencia. Lo democrático no puede imponerse sobre lo ético.

A veces oímos frases como la siguiente:" esto es democrático, luego hay que cumplirlo" ¿Qué quiere decir esto, que se ha aprobado por mayoría?.- Yo me pregunto, si además de democrático es justo y honesto, porque los grupos también cometen errores y actos delictivos. Lo democrático debe tener como base la justicia y la honestidad. Todos conocemos leyes que se han aprobado en los parlamentos y que habrán sido legales, pero no justas.

No nos mentalicen a base de leyes. La mentalidad de cada persona es libre y voluntariamente aceptada, escogiendo aquello que cada uno cree que es digno de formar parte de su ideario. Se puede caer en una tiranía de las ideas, cuando, solapadamente, los gobernantes van introduciendo en la sociedad, modos de pensar y actuar que comprometen la conciencia del ciudadano, elogiando prácticas y posturas que poco tienen de elogiables, o bien sobre valorando conceptos y acciones que no tienen tanto valor. Pongo un ejemplo : la legislación y aplicación de las leyes sobre los menores. Castigar a una madre, por dar un cachetón a un hijo, a un año de arresto, sin poder ver al hijo, esto es una grave penalización para el hijo y para la madre, pero totalmente desproporcionada, hace mucho más daño que el que haya podido ocasionar la falta cometida.

Hace poco ha habido una sentencia, en la que se obliga a los médicos a practicar abortos, apoyándose en que tienen que cumplir la ley. Me niego a admitir esta sentencia. A los médicos ni a nadie se les puede exigir que vayan en contra de su recta conciencia. En un tema tan delicado como éste, donde no hay unanimidad de criterios y donde la sociedad está tan dividida. Siempre habrá quienes los realicen, sin faltar a su conciencia. Si exigimos a los ciudadanos que actúen en contra de su conciencia, estamos destruyendo los pilares de toda ética.