sábado, 19 de diciembre de 2009

Otoño




Se ha cansado el arco iris
de estar colgado en el cielo,
toma sus siete colores
para pintar en los lienzos.

Desciende muy complacido
a la arboleda del bosque,
con sus franjas va a pintar
las hojas del alcornoque.

Las vecinas, que lo observan,
con sus colores de bronce
piden otro maquillaje
para sus caras, en ocre.

Pero otras más coquetas,
presumidas y atrevidas
le piden multicolores
para terminar sus vidas.

El artista se desvive
por atenderlas a todas,
pero muchas veces pasa
sin pintar algunas hojas.

Con las piezas que descienden
de las ramas de los árboles,
un puzle de bella alfombra
se está formando a raudales.

Los árboles se desnudan,
paradoja incomprensible,
necesitan más abrigo
porque el invierno es visible.

Cúmulos vuelven de nuevo
después de un seco verano,
los arroyuelos despiertan
por las montañas saltando.

Los habitantes del bosque
salen de sus madrigueras,
con el verdor que ya ha vuelto
pacen en la vega fresca.

El otoño ya ha llegado,
ni es invierno ni es verano
estación que se despide
del calor, hasta otro año.

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