martes, 4 de diciembre de 2012

Caras de la Tierra

Miro a la Tierra y no encuentro
parecido semejante:
arrugada, montañosa,
abrupta, desconcertante.

Parece la piel de un monstruo
con sus cuchillos cortantes,
cicatrices enterradas,
picachos descomunales.

Todo es agreste y abrupto
en este  rudo paraje,
pintado con brocha gorda
en pardo lienzo de estambre.

Pero si bajo unos metros,
cambia todo su semblante,
la placidez de un arroyo
y el verdor de su follaje.

Nuevo paño, nueva vida,
pinceles finos y encajes
conforman un nuevo cuadro,
de plantas, flores y aves.

Cantar del agua que corre
atravesando los valles,
y campos de frutas frescas
engalanan el paisaje.

Si damos vuelta a la Tierra,
esta gran bola gigante,
cambiaremos de escenario
solamente en un instante.

Grandes espejos de arena
reflejan el sol radiante,
dunas, y oasis perdidos
y calores sofocantes.

Pero sorprende otro cuadro
de este gran museo del arte,
azules campos inmensos
sembrados de aguas salvajes.

¿Cuál es la cara real
de esta dama tan cambiante,
tan distinta y tan igual,
con variados semblantes?








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